SHIRAKAWA GO
Shirakawa-go no estaba en nuestros planes como destino, sino como parada. íbamos de Takayama a Kanazawa y el autobús pasaba justo por allí. Una de esas decisiones de última hora que luego agradeces enormemente.
El pueblo es pequeño, se recorre en unas horas, y sin embargo te deja una de las imágenes más bonitas de todo el viaje. Las casas gasshō-zukuri, con sus tejados de paja inclinados en forma de manos en oración, parecen sacadas de un cuento. En invierno, cubiertas de nieve, son directamente de otro mundo. Nosotros lo vimos en otra época del año y aun así la estampa era preciosa.
Lo primero que hicimos al llegar fue subir al mirador de Shiroyama. Diez minutos andando desde el centro del pueblo y de repente tienes toda la aldea a tus pies, rodeada de montañas y del río Shō. Es la foto de Shirakawa-go, y hay que hacerla.
Luego bajamos a callejear sin prisa entre las casas, entramos en alguna que tiene el interior abierto como museo y nos tomamos un momento para simplemente sentarnos y mirar. Hay algo muy especial en ese silencio, en lo bien conservado que está todo, en la sensación de que el tiempo aquí va más despacio.
Si pasas por la zona, no lo dudes: para el autobús, bájate un par de horas y déjate llevar. Shirakawa-go no necesita más tiempo que ese para quedarse grabado en la memoria.
