MIYAJIMA
Miyajima es, sin exageración, uno de los lugares más bonitos de Japón. Una isla sagrada frente a la bahía de Hiroshima donde los ciervos campan a sus anchas entre templos y pagodas, y donde el torii gigante del santuario de Itsukushima parece flotar sobre el mar con la marea alta. Nosotros le dedicamos una noche, alojándonos en un ryokan tradicional, y fue una de las mejores decisiones de todo el viaje. Cuando los últimos turistas del día cogen el ferry de vuelta al continente, la isla se queda en silencio y Miyajima se convierte en otro lugar completamente diferente.
8 lugares imprescindibles que ver en Miyajima
Santuario de Itsukushima El alma de la isla. Este santuario sintoísta construido sobre el agua, con sus corredores y pabellones elevados sobre el mar, es Patrimonio de la Humanidad y uno de los tres paisajes más bellos de Japón según la tradición. El torii naranja que se levanta en el agua justo delante es la imagen más icónica del país. Verlo con la marea alta, casi flotando, es algo que no se olvida.
Monte Misen en teleférico La subida en teleférico hasta la cima del monte sagrado de Miyajima es una experiencia en sí misma. Desde arriba las vistas sobre el mar interior de Seto, las islas y la costa son espectaculares. En la cima hay varios templos y una llama que, según la tradición, lleva encendida más de 1.200 años sin apagarse.
Senjokaku y la Pagoda de Cinco Pisos El Senjokaku, o Salón de los Mil Tatamis, es un pabellón enorme e inacabado con una historia curiosa: Toyotomi Hideyoshi ordenó su construcción pero murió antes de terminarlo y así quedó para siempre. Justo al lado, la Pagoda de Cinco Pisos es una de las estructuras más fotogénicas de la isla, especialmente con el torii al fondo.
Tahoto Pagoda Una pagoda de dos pisos de estilo poco habitual en Japón, con una forma más redondeada que las tradicionales. Está algo escondida entre la vegetación y precisamente por eso tiene un encanto especial: te la encuentras de repente y te detiene.
Templo Daisho-in Uno de los templos más importantes del budismo Shingon en Japón y probablemente el más impresionante de la isla. Lleno de detalles, estatuas, ruedas de oración y pequeños Budas con gorros de colores. Se puede subir desde la playa caminando por una escalinata flanqueada de faroles de piedra. Merece tiempo y calma para recorrerlo bien.
Santuario Omoto Un santuario más recogido y menos visitado, rodeado de cedros centenarios que le dan una atmósfera de profunda tranquilidad. Una parada perfecta para alejarse un momento del circuito turístico principal.
Daigan-ji Un pequeño templo budista dedicado a Benzaiten, la diosa de la fortuna y las artes, situado muy cerca del santuario de Itsukushima. Discreto pero con mucho carácter.
Parque Momijidani El parque del valle de los arces. En otoño se convierte en uno de los espectáculos naturales más bonitos de toda la región, con los momiji tiñendo el paisaje de rojo y naranja. En cualquier otra época del año sigue siendo un paseo muy agradable junto al río, lleno de ciervos tranquilos que no tienen ningún miedo a los humanos.
Dónde alojarse en Miyajima
Si puedes quedarte a dormir en la isla, hazlo. Es uno de esos consejos que parece un capricho y luego agradeces enormemente. Cuando los turistas del día se marchan, Miyajima se transforma: los ciervos se adueñan de las calles, el santuario se ilumina y hay una calma que durante el día es imposible encontrar.
Nuestra elección: Nosotros nos alojamos en el Miyajima Grand Hotel Arimoto, un ryokan tradicional con cena incluida que fue una de las experiencias más auténticas de todo el viaje. La cena servida en el restaurante, con productos locales, es algo que recordamos especialmente. Dormir en un ryokan, con los futones en el suelo, los yukatas y el ritual de la cena tradicional japonesa, es una forma de entender Japón que ningún hotel convencional puede darte. Lo recomendamos sin ninguna duda.
